martes, 23 de octubre de 2007

Misery

La historia del fan que se convierte en un problema para la celebridad será siempre una historia interesante. Es como si hubiera cierta fascinación por ver como se arruina la vida de quién presumimos siempre feliz, con el mundo a sus píes.
De otro lado está la obsesión de los escritores por sí mismos que los lleva tan a menudo a abordar el trauma del autor atrapado por su propia obra.
Y también está el paradigma del redimido. La figura que partiendo de la arrogancia y el cinismo pasa por una experiencia tan dura que se vuelve de pronto humilde y sabio.
Pues bien, esos tres dramas son los que expone esta película de 1990.
Paul Sheldon, un autor en crisis -la causa esta vez es haberse enriquecido por cuenta de una obra repetitiva que da título a la película- decide sumergirse en su ritual creativo en las montañas nevadas de Kansas para darle fin a la popular saga. En el camino de regreso, va a sufrir un accidente del que lo salvará una providencial fanática: una gordita espeluznante, enfermera mesiánica y asesina de nombre Annie Wilkins.
Al principio el escritor estará agradecido aunque un tanto inquieto por la fascinación que despierta su obra en la ermitaña buena samaritana. Poco a poco caera en la cuenta de que está atrapado por una sicotica que cree haber encontrado su misión en la vida: revivir al personaje de Misery, que Sheldon mató para dar fin a la serie. Sus métodos son particularmente crueles y hasta cierto punto, efectivos.
Pero su poder sobre Sheldon solo podrá extenderse hasta que ceda el verano y la policía descubra que el afamado autor no ha muerto, ni que estaba de parranda sino que había caído en las manos de una fan enamorada.
Las actuaciones de James Caan y Kathy Bates son lo mejor de la película. El guión está basado en una novela de Stephen King.

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