En el 87, la vida de Héctor Abad Faciolince estaba atrapada en el momento. Veintiocho años, una familia por alimentar, sin trabajo y de regreso a Medellín con un poco funcional titulo en literatura moderna, obtenido en Turín. Para entonces ya había fracasado en las carreras de medicina, comunicación social y filosofía. En agosto los paramilitares asesinaron a su padre, el defensor de derechos humanos, Héctor Abad Gómez. Desde entonces, dice el autor, sintió “que tenía el deber ineludible, no digo de vengar su muerte, pero sí, al menos de contarla”. El resultado fue el libro El Olvido que seremos, aclamado en Colombia como el mejor del 2006.
Comenzó a escribir poesía a los trece años. “Empecé como poeta adolescente, nunca publiqué”, dijo en una entrevista. En la lectura de En Busca del Tiempo Perdido, durante el exilio compartido con su padre en México, encontró su vocación: “pasar las horas de mi vida leyendo y escribiendo” como Proust. Fue traductor y editor de la revista de la Universidad de Antioquia. Se ganó la vida como periodista durante buena parte de los últimos veinte años. Sus columnas, entre la política y la literatura, han sido publicadas en El Colombiano, El Espectador, Cromos, El Malpensante, Cambio y, actualmente, en la revista Semana. En 1998, recibió el Premio Simón Bolívar de Periodismo en la categoría de Opinión.
También incursionó con éxito en el cuento y en 1981 recibió el Premio Nacional. Su segunda novela, Memorias de un hidalgo disoluto, lo hizo merecedor de una beca. Con Basura fue destacado en España con el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, y en la China, Angosta fue escogida como la mejor novela extranjera del año.
Su obra narrativa la complementan Malos Pensamientos (1991), Tratado de culinaria para mujeres tristes (1996) y Fragmentos de amor furtivo (1998). En la pasada feria del Libro de Bogotá lanzó Elogio de la Pereza.
En las horas que dedica a leer prefiere el siglo de oro español, las obras de Quevedo, Machado y Shakespeare; las novelas europeas de los siglos XVIII y XIX: y los textos de historia y divulgación científica. Su segundo nombre es Joaquín.
1 comentario:
Sin duda alguna que es motivo de orgullo para nosotros los colombiano, tener un escritor como Héctor, de tan magnificas calidades, que refresca la literatura latinoamericana, un apalauso par este excelente escritor antioqueño
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