jueves, 27 de diciembre de 2007

The Wind That Shakes The Baley

Esta película cuenta la historia de dos hermanos involucrados por la partera de la historia en el conflicto que desangró a Irlanda durante casi todo el siglo XX. Este conflicto ya ha sido fuente de inspiración para películas memorables como En el nombre de el padre o Mi pie izquierdo. Esta vez es el director inglés Ken Loach quien narra la historia de un joven con aspiraciones hipocráticas que termina envuelto en la guerra del lado de la causa republicana.
La película es prolífica en imágenes desgarradoras: juicios sumarios, ejecuciones fraticidas y bombazos a diestra y siniestra. Y también las contradicciones internas y el costo de matizar y razonar en medio de la confrontación. The Wind That Shakes The Baley tiene la virtud de demostrar que en ambos lados la brutalidad y la justificación de todas las formas de lucha es una constante. Que las guerras no se hacen con guantes de seda y de la lamentablemente indispensable deshumanización de la victima por parte de su verdugo.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Beowulf

Obvio que la retina se inclina por el mérito técnico: la reproducción impecable de la realidad a través de las más modernas técnicas de animación. El despliegue de detalles en la figura humana que llega a su mayor expresión con la escena del desnudo de Angelina Jolie, pero que también se nota en el flácido cuerpo de Antonhy Hopkins (rey Hrothgar). Y además, el despliegue tecnológico que se nota en cada una de las abrumadoras tomas del paisaje nórdico o en las escenas de batallas, cuya epitomé es la que involucra al héroe protagonista y la muerte de su hijo encarnado en un gigantesco dragón.
Pero en la memoria también quedan las convincentes actuaciones de Ray Winstone en el papel de Beowulf; el maligno y lambón Unferth de John Malkovich; y el magnánimo y fiel Wiglaf de Brendan Gleeson.
Estos tres personajes, además, conforman el eje dramático que sostiene la historia. (Bueno, en realidad de este soporte también debería ser parte la bella Robin Wright Penn, pero su papel de reina Wealthow es tan plano, que se destaca apenas por ser la pata lunanca de la mesa).
Traer al presente las viejas leyendas fundacionales de los pueblos es un elemento recurrente en la historia reciente del cine. Y sí esa máxima funciona para la sensiblera Pacahontas de Disney porque no para Beowulf, el guerrero más grande de los tiempos en que todos eran guerreros. En estos tiempos escépticos resulta refrescante una historia que nos hable del heroísmo humano puesto a prueba por figuras míticas como los dragones o transfiguradas imágenes de bellas mujeres que usan el sexo como su arma más poderosa. El éxito de Beowulf es del mismo talante que ha dado tanta notoriedad al juego de video Imperio. Y es allí justamente dónde se ubica está película: puro entretenimiento adobado con historia universal y derroche técnico. Evaluada bajo esos parámetros, la de Robert Zemeckis puede ser una de las mejores películas de 2007.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

¿Por qué las moscas no van a cine?

Leído el 12 de noviembre de 2007

Desde el titulo este libro tiene dos tendencia prodigiosas, contrarias, pero complentarias. Despertar el interés del lector acerca de los misterios que esconden las cosas cotidianas; y la sencillez para explicar los intrincados teoremas matemáticos, las sofisticadas doctrinas filosóficas y los complejos modelos físicos que intentan resumir la naturaleza de este mundo, aparentemente inabarcable.
Y el libro es, en sí mismo, un intento de lo mismo. Resolver cuestiones tan prosaicas como la razón de la invención del shampoo, y porque una solución a un problema estructural del producto, desencadeno la invención de otro: el acondicionador. Y relacionar eso con la física.
O descubrir que tras la textura y el sabor de las papás fritas hay toda una ciencia, una ciencia que da plata a quienes la ejercen y sobre la cual se escriben libros.
No solo están esas pequeñas maravillas a las que nos acostumbramos. También están el carácter personal de los genios científicos que han transformado a la humanidad, sus pequeñas glorias, sus pequeñas mezquindades.
Uno de los relatos más notables, por lo vívido, por lo bien documentado, es el que Julio César Londoño hace del filosófo Emmanuel Kant. Al hombre que concibió uno de los más complejos sistemas filosóficos, un paradigma de la axiología y el autor detrás de la Paz Perpetúa, es decir, alguien con credenciales de sobra para ser un personaje rimbombate, Londoño lo sitúa en el pequeño pueblo de dónde nunca salió como un sujeto austero, simple, brillante y disciplinado.
Y así, con ese mismo tono desenfadado, pero creíble, Londoño va conduciendo al lector por los intringulis de las emulaciones científicas, las contradicciones y debilidades humanas y las maravillas de la evolución.
Es más este libro se asemeja a tomar un bachillerato acelerado, a lo largo de los breves pero profundos ensayos de Londoño, se refrescan viejos conocimientos y se adquieren otros que por incompetencia pedagógica se dejaron de aprender.

lunes, 12 de noviembre de 2007

The Harvest Ice

La nochebuena es escogida por un par de ladrones para dar el gran golpe: dos millones de dólares, huir de la ciudad, comenzar de nuevo en otro sitio, la solución a todos los problemas. Uno de los cacos, el miedoso abogado interpretado por John Cusack, es empleado del mafioso hurtado. Y es a quien los nervios traicionan. Sus dudas y sus temores van a llevarlo a cometer los errores más tontos. Corriendo por toda la ciudad tratando de evadir a su jefe-victima. El otro ladrón (Billy Bob Thorton) es frío, se las sabe todas y trata de mantener las apariencias. Un ladrón profesional no va por ahí, borracho, apostando, instigando putas a huir de repente a cambio de espóntaneas pedidas de mano, parece pensar. Sin embargo, es inevitable que en la huida se cometan errores y que a los ya predecibles de tratar de huir de un mafioso, se unan dramas familiares, amigos ebrios y traiciones a todo dar.
Lo mejor de la película es el final inesperado y feliz. El triunfo de la amistad de dos tipos comunes sobre todas las conspiraciones del destino.

martes, 23 de octubre de 2007

Misery

La historia del fan que se convierte en un problema para la celebridad será siempre una historia interesante. Es como si hubiera cierta fascinación por ver como se arruina la vida de quién presumimos siempre feliz, con el mundo a sus píes.
De otro lado está la obsesión de los escritores por sí mismos que los lleva tan a menudo a abordar el trauma del autor atrapado por su propia obra.
Y también está el paradigma del redimido. La figura que partiendo de la arrogancia y el cinismo pasa por una experiencia tan dura que se vuelve de pronto humilde y sabio.
Pues bien, esos tres dramas son los que expone esta película de 1990.
Paul Sheldon, un autor en crisis -la causa esta vez es haberse enriquecido por cuenta de una obra repetitiva que da título a la película- decide sumergirse en su ritual creativo en las montañas nevadas de Kansas para darle fin a la popular saga. En el camino de regreso, va a sufrir un accidente del que lo salvará una providencial fanática: una gordita espeluznante, enfermera mesiánica y asesina de nombre Annie Wilkins.
Al principio el escritor estará agradecido aunque un tanto inquieto por la fascinación que despierta su obra en la ermitaña buena samaritana. Poco a poco caera en la cuenta de que está atrapado por una sicotica que cree haber encontrado su misión en la vida: revivir al personaje de Misery, que Sheldon mató para dar fin a la serie. Sus métodos son particularmente crueles y hasta cierto punto, efectivos.
Pero su poder sobre Sheldon solo podrá extenderse hasta que ceda el verano y la policía descubra que el afamado autor no ha muerto, ni que estaba de parranda sino que había caído en las manos de una fan enamorada.
Las actuaciones de James Caan y Kathy Bates son lo mejor de la película. El guión está basado en una novela de Stephen King.

La Guerra del Fútbol y otros reportajes

Ryszard Kapuściński
leído el 22 de octubre de 2007

En cada recodo de este viaje que plantea Kapuściński alrededor de los más turbulentos lugares del mundo es inevitable sentir la pasión del reportero. Porque aunque le agrega una pompa innecesaria el ser recordado como 'El Mejor Reportero del Siglo', no se puede negar el descomunal talento de Kapuściński para narrar una época del siglo XX, que estuvo marcada por el proceso de descolonización y la Guerra Fría.
La Guerra del Fútbol y otros reportajes comprende una serie de artículos para la agencia de prensa polaca, anotaciones de un proyecto de libro y narraciones desde un punto de vista muy personal sobre sus visitas a varios países de África, el Mediterráneo y América Latina. El arribo de Kapuściński siempre es oportuno: se está fraguando un golpe de estado, una revuelta militar o se profundiza un conflicto fronterizo. La mayoría de los reportajes están fechados entre los 60's y comienzos de los años 80.
Los reportajes de Kapuściński tienen un elemento que marca la diferencia: el conocimiento profundo que tiene el autor de la historia de los países y su capacidad para escuchar las voces más reveladoras de cada lugar donde va. Para capturar detalles y observaciones sociológicas que enriquecen profundamente cada texto.
El tono de Kapuściński es personal. Sus padecimientos, sus temores, sus expectativas y sus opiniones están presentes permanentemente. El no solo es un catalizador de la mirada occidental sobre los pueblos del sur en una epoca tensa, llena de conflictos. Él mismo se reconoce como un outsider y él estar tantos años inmerso en los terrenos de los países del tercermundo le da una mirada privilegiada sobre un devenir tan confuso.
Particularmente duro su reportaje sobre el surgimiento del regímen del apartheid en Suráfrica. No hay ninguna concesión a los africaners que dominan el país. Sin embargo, el inventario de factores es tan minucioso que no cabe duda de las razones que apoyan cada una de las afirmaciones del autor. Los rasgos más sociológicos salen a flote en el reportaje sobre la caída Ben Bella en Argelia: un texto poderoso, lleno de observaciones críticas sobre una sociedad en pleno cataclismo.
La Guerra del Fútbol, que narra el enfrentamiento bélico entre Honduras y el Salvador de 1969, es el retrato de Kapuściński como reportero: lleno de barro, sangre y con la camisa echa jirones . Con su vida puesta en la cornisa entre la vida y el peligro inminente. Todo para asegurarse de ser el primero en informar al mundo de una guerra entre dos paísitos marginales. En este relato también hay que destacar la forma cómo desentraña las causas del conflicto extrapolando desde el motivo aparente -un partido de fútbol por la clasificación al Mundial del 70- al motivo real -la desigual repartición de la tierra en ambos países y los fenómenos económicos que esto conlleva-.
A través de trochas, en medio de linchamientos públicos, entierros masivos, patrullas de militares fuera de control, salvajes fuerzas guerrilleras entre otros sintomas de la descomposición de países inviables Kapuściński nos lleva a contemplar el horror de una epoca en donde los conflictos estallaban por doquier. Lo único apacible en medio de ese contexto es la segura guía de Kapuściński.

lunes, 22 de octubre de 2007

El Castillo

Franz Kafka.
Septiembre de 2007.

En este libro la presencia de Kafka se manifiesta en la idea general de un hombre atrapado por un sistema incomprensible, injusto e invencible. Y también en la manera cómo ese hombre va perdiendo su criterio en ese tránsito. Un libro sobre los mecanismos y frivolidad del poder, de las administraciones, de las instituciones que rigen cada vez más ámbitos de la vida individual. La sucesiva repetición de un mal conocido: la apariencia de acción termina sustituyendo la acción sin que nadie levante la voz. Hay unos pasajes encantadores: cuando K se resiste a un interrogatorio. O aquella de él impávido en el pasillo donde laboran los empleados del castillo. Otros instantes que causan hilaridad por la falta de sentido común, si es que hay tal cosa, por parte de los inaccesibles funcionarios del Castillo . Hay un juicio brutal a la lógica corporativa, a sus rituales. También hay referencias al debate del mundo premodeno y el mundo moderno y como esas lógicas chocan irremediablemente.

viernes, 19 de octubre de 2007

Bang, Bang, You're Dead

En la mente de los norteamericanos un temor se ha instalado: las infinitas posibilidades de que la siguiente masacre suceda en la escuela a la que van sus hijos. Que el siguiente freak que explote aprenda en las clases de química a desarrollar una bomba. La amenaza latente a un sector estudiantil que parece no cumplir con las expectativas de la competitiva sociedad norteamericana. Los debiles, los maltratados, los marginados, los impopulares. los nerdos, parecen sugerir un temor similar al de los narcotraficantes colombianos, los emigrantes mexicanos y los terroristas sauditas.
Bowling for Columbine, del controversial documentalista Michael Moore, marcó un hito y tocó una fibra delicada de la febril sociedad norteamericana y puso en evidencia su suicida fijación por las armas.
Bang, Bang, You're Dead es la adapatación cinematográfica de una obra teatral que se ha presentado en cientos de escuelas, centros comunitarios e iglesias con el fin de poner sobre la mesa las consecuencias de una epidemia que corroe el país: el matoneo escolar.
En la película Trevor, un "joven en riesgo" por haber intentado un atentado con bomba, recibe la oportunidad de interpretar al protagonista de Bang, Bang, You're Dead y reivindicarse socialmente. El impulsor de la idea es el típico profesor querido, aquel no consumado por la lógica de Cero Tolerancia. Y el resultado, en principio, es fatal. La realidad del matoneo escolar tensa aún más las relaciones humanas entorno a la escuela y hace imposible la representación de la obra, acaso la última oportunidad de los marginados que lidera Trevor.
Esa tensión tendrá un punto máximo con el enfrentamiento entre los marginados y los populares jugadores de fútbol y justo cuando todo parece desencadenarse de la peor manera -expulsiones, intento de suicidio, una masacre en marcha en la propia cafeteria de la escuela- Trevor tiene un púnto de inflexión en su caida libre y se convierte de pronto en el héroe. Lo siguiente es la puesta en escena de la obra y la reflexión obligatoria que alivia la situación.
Actuaciones creíbles y unos libretos que empujan a la reflexión sobre un problema que no es exclusivo de los Estados Unidos y que como todo el mal ejemplo, cunde.

Los Subterráneos

Jack Kerouac
Leído por el 12 de Octubre de 2007

Al principio, la novela parece ser algo distinto a lo que es al final de cuentas: una historia de amor. Una historia de amor frustrado. El amor entre el escritor borracho y marginal, Leo Pecepied, y Mardeu Fox, joven seguidora del movimiento cultural del San Francisco de mediados del siglo XX. Y a través de esa historia de amor, de sus más y de sus menos, de los delirios paranoicos y oníricos de Leo, se perfila la historia de la generación beat (los hipsters y los bop) que marcó una tendencia cultural en esa época. Por un lado, las personalidades pomposas de los intelectuales, las insidias y las peleas entre ellos. Por otro, el cuento bien contado de cómo se forjó este grupo, de las influencias del jazz y la morfina. Sin duda, el lenguaje tiene un papel preponderante, como es característico en Kerouac. Es un lenguaje que avanza de la misma forma en que él va sintiendo las percepciones. Y por eso no cabe dentro de la lógica formal. Esa forma tiene momentos vibrantes como cuando se describe una borrachera o cuándo se reflexiona acerca del amor. El lenguaje expresa la deconstrucción de la realidad por parte de un escritor borracho, prejuicioso, vanidoso y visceral. Lo escribió en tres noches,

Perfil de Héctor Abad Facciolince

En el 87, la vida de Héctor Abad Faciolince estaba atrapada en el momento. Veintiocho años, una familia por alimentar, sin trabajo y de regreso a Medellín con un poco funcional titulo en literatura moderna, obtenido en Turín. Para entonces ya había fracasado en las carreras de medicina, comunicación social y filosofía. En agosto los paramilitares asesinaron a su padre, el defensor de derechos humanos, Héctor Abad Gómez. Desde entonces, dice el autor, sintió “que tenía el deber ineludible, no digo de vengar su muerte, pero sí, al menos de contarla”. El resultado fue el libro El Olvido que seremos, aclamado en Colombia como el mejor del 2006.

Comenzó a escribir poesía a los trece años. “Empecé como poeta adolescente, nunca publiqué”, dijo en una entrevista. En la lectura de En Busca del Tiempo Perdido, durante el exilio compartido con su padre en México, encontró su vocación: “pasar las horas de mi vida leyendo y escribiendo” como Proust. Fue traductor y editor de la revista de la Universidad de Antioquia. Se ganó la vida como periodista durante buena parte de los últimos veinte años. Sus columnas, entre la política y la literatura, han sido publicadas en El Colombiano, El Espectador, Cromos, El Malpensante, Cambio y, actualmente, en la revista Semana. En 1998, recibió el Premio Simón Bolívar de Periodismo en la categoría de Opinión.

También incursionó con éxito en el cuento y en 1981 recibió el Premio Nacional. Su segunda novela, Memorias de un hidalgo disoluto, lo hizo merecedor de una beca. Con Basura fue destacado en España con el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, y en la China, Angosta fue escogida como la mejor novela extranjera del año.

Su obra narrativa la complementan Malos Pensamientos (1991), Tratado de culinaria para mujeres tristes (1996) y Fragmentos de amor furtivo (1998). En la pasada feria del Libro de Bogotá lanzó Elogio de la Pereza.

En las horas que dedica a leer prefiere el siglo de oro español, las obras de Quevedo, Machado y Shakespeare; las novelas europeas de los siglos XVIII y XIX: y los textos de historia y divulgación científica. Su segundo nombre es Joaquín.